El Stade de France, se encuentra en Saint-Denis, al norte de París, tiene capacidad para unos 80.000 espectadores, fue construido para recibir la Copa del Mundo en 1998. En la gran final de esta edición, Francia goleó al Brasil de Ronaldo 3 a 0 y ganó su primera estrella. Entonces, Zidane se convirtió en héroe nacional. Este es un hito histórico en la memoria futbolística francesa.

La primera vez que me asome al Stade de France fue en octubre del 2021 en la carrera de 10 km de la Voie Royale (La Vía Real), la cual terminaba normalmente dentro del estadio, pero por razones de covid, apenas lo atravesé en los últimos metros.
Cinco años después, el 5 de octubre regresé para asistir al partido de la UEFA Francia-Bélgica.
Michel es miembro de la asociación oficial de hinchas Les Irrésistibles Français, así que puede comprar entradas a tarifas preferenciales, en esta ocasión los billetes costaron 25 euros.
Adquirió tres entradas, inicialmente iríamos Michel, Juan y yo. Juan tuvo que viajar por su trabajo y Térèse, la sobrina, entró como suplente.
Juan y Michel ya habían ido tres días antes, para asistir al partido Francia-Italia, el primer juego de Zidane como entrenador en su casa.
A partir de esta experiencia, Michel ya sabía cuál era la mejor estrategia para llegar. Nos maquillamos y nos emperifollamos con las camisetas vintage de les Bleus, la de Michel, una original del 2006 a la cual le bordó una segunda estrella en el 2018 y además ha remendado ya un par de veces. Yo usé la del año de nacimiento de Juan, una réplica que le ofrecimos por su cumpleaños. Térèse estaba espectacular con la última camiseta visitante.

El metro estaba repleto, en cada estación se subían más hinchas, evidentemente azules en su mayoría. Los diablos rojos, bromeaban con mucha simpatía.
El ingreso está bien organizado, es muy eficiente, llegamos y nos instalamos fácilmente en nuestra tribuna, ubicada justo detrás de la portería belga para el primer tiempo. Es el espacio reservado para la fanaticada, hay un tamborero, un director musical, hay muchísimas banderas y en cada silla había una bandera unicolor, azul, blanca o roja, que tocaba ondear al inicio del partido.

El estadio se llenó rápidamente y comenzó el espectáculo. Fue un super show, vimos a los jugadores calentando y la ceremonia de inicio con fuegos artificiales incluidos.
Era un super ambiente. Los irresistibles no se sientan, todos cantan y serpentean sus banderas. Me impresionaron. Al cabo de un rato, lo confieso, me aturdí, apenas alcanzaba a captar el juego entre tanto banderín y el ruido me altero. De tiempo en tiempo, me daba la vuelta para ver el partido en la pantalla a mis espaldas. Térèse y yo nos sentamos un rato y Michel nos reprocho nuestra falta de ánimo.
Definitivamente Michel es un super fans. Anima, canta, aplaude, pita y grita. En eso vemos al diablo corriendo solito hacia la portería, ví clarito como Lukebakio, ponía en ventaja a Bélgica 0-1.
Al medio tiempo fui al baño.
Comenzó el segundo tiempo y alcancé a observar a un Zidane muy sereno, todos estábamos algo inquietos con el resultado pero a pesar de las circunstancias, la fanaticada continuaba aupando con furor.
En el minuto 60, cambiaron la alineación, entraron Olise, Charki y Da Cuhna. Me decía: ¡Dios mío, tienen al menos que empatar !
El estadio se vino abajo cuando el guapísimo Désiré Doué, anotó. La energía cambió inmediatamente. Ahora todos esperábamos otro gol y no tardó en llegar. Francia se fue arriba con un pase de Olise a Cherki. Estábamos todos saltando y gritando eufóricos.
Térèse se fue para evitar el gentío en el metro, era casi el final del partido, quizás en el minuto 85. Sugerí a Michel, partir también, ¡Qué idea la mía !
Menos mal que nos quedamos, creo que Michel no me hubiese perdonado perderse los dos últimos goles del increíble Olise.
El partido terminó 4-1
Allez les Bleus !

Las fotos son de Térèse y Yannis. Merci !

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