
Viernes 26 de septiembre de 2025. Salimos en RER de Maison Lafitte al norte de París con menos de 10°C, conectamos con la línea de metro 14 que desde los últimos juegos olímpicos llega hasta el aeropuerto de Orly. Aterrizamos en Corfú con unos 25°C. Inmediatamente nos sentimos afortunados con el aumento de la temperatura. Recogimos nuestra maleta y el carro de alquiler.
Tomamos rumbo hacia Acharavi, una tranquila ciudad balneario BBB. Reservamos dos noches, para explorar el nordeste de la isla, una área que no habíamos visitado en nuestro viaje anterior.
Los casi 40 km desde el aeropuerto hasta el hotel nos tomaron más de una hora. Además del tráfico de un viernes por la tarde, la topografía de la isla hace que las carreteras sean curvilíneas y angostas. Aunque Michel se altera con los conductores menos experimentados que nos preceden, vamos atentos disfrutando del panorama reconociendo algunos rincones y descubriendo nuevos parajes en las montañas.
Como el fin de semana se anunciaba cubierto y ventoso, preferimos marchar que nadar.
El sábado hicimos una caminata muy popular desde Acharavi hasta Trimodi. En el camino, hay muchos árboles frutales (citricos, higos, uvas, moras y granadas) y plantas aromáticas (salvia, oregano, lavanda, romero y menta). Tenía duda con la salvia y le pedí a Michel que le enviara una foto a Monique nuestra prima de Ménil para que nos sacará de dudas.

A pesar de las nubes, apreciamos unas hermosas vistas de las bahías circundantes, la costa albanesa y del Monte Pantokrator.
La primera parte del retorno fue complicada pues los caminos se encontraban recién podados y estaban llenos de las ramas cortadas.

Luego atravesamos los olivares, siempre me sorprenden con sus señoriales troncos retorcidos y con las redes gigantes que cubren todo el suelo. Hay que mirar con atención, para reconocer esa malla gigante surrealista que recorre los campos. Son las redes usadas para la cosecha.


Al terminar la ruta, Michel revisó su teléfono, había recibido un SMS de alerta, había consumido más de 50 euros fuera de su plan telefónico.
Tenemos un plan de datos de 5.99 euros, incluye 30GB en Francia, 13GB de roaming en la Unión Europea, llamadas y SMS ilimitados. La red telefónica nos había ubicado en Albania y la salvia nos habría salido cara. Revisé mi teléfono y en tres minutos de recepción había consumido apenas 2 Mb, que me facturaban a casi 27 euros.
Contactamos con nuestro proveedor telefónico para señalar las anomalías, nos tomó buena parte de la tarde pero afortunadamente pudimos regularizar nuestras facturas. Con esta buena noticia nos fuimos a celebrar el atardecer, contemplar un magnífico crepúsculo y la costa albanesa desde un asiento en primera fila no tiene precio ¿o si ?
El domingo nos fuimos al Monte Pantokrator, el punto más alto de Corfú (906 m). La carretera llega hasta el aparcadero entre el centro de telecomunicaciones y el café turístico del monasterio homónimo. Nos estacionamos aliviados justo en frente de las antenas.
Desde el Monte Pantokrator, hay varias rutas que llegan hasta Paleo Perithia, un pueblito del cual se tienen registros desde el siglo XIV, era un lugar muy próspero pues no llegaban ni los piratas, ni la malaria. Fue prácticamente abandonado a mediados del siglo pasado, actualmente es una atracción turística. Es un lugar encantador, parece medio abandonado, pero ya no está perdido, han remodelado las antiguas viviendas de piedra en alojamientos vacacionales y hay más restaurantes que habitantes permanentes.

Hicimos una ruta circular. De ida, la bajada es una caminata preciosa y fácil entre los helechos ya vestidos de otoño. De regreso, el camino de subida es escarpado y más exigente sobre todo después de un buen almuerzo acompañado de una copa de vino local (plan recomendado en las guías turísticas).

Bajo una ligera llovizna, llegamos empapados a la cafetería (no la recomendamos, café malo y servicio peor). Visitamos el monasterio, nos despedimos de las alturas y nos fuimos a Benitses, una localidad central, para pasar el resto de nuestra estancia.
Unos días después decidimos volver al nordeste para visitar Kassiopi. Un pueblito de pescadores de carta postal, una pequeña bahía, rodeada de playas de aguas cristalinas turquesas, coronada por una fortaleza bizantina. Un lugar de ensueño cargado de historia.

Transitando por una carretera nueva para nosotros. Nos detuvimos en un mirador, un minuto después recibí el SMS de alerta. Había pasado el umbral de consumo de datos fuera de la zona de roaming. Nos encontrábamos frente a Saranda, una renombrada ciudad balneario albanesa, quizás a unos 3 km de vuelo de pájaro.
— Saranda a desactivar la selección automática de red en la configuración de tu teléfono y elige manualmente un operador griego, para que no te vuelva a ocurrir.

A pesar de mi frustración, disfrutamos de la espléndida Kassiopi, paseamos por las ruinas de la fortaleza, nos asomamos a la bella y casi caribeña playa Kanoni, pasamos por la tranquila playa Avlaki, vimos viajeros tratando de broncearse al abrigo del viento, seguimos por un bosque repleto de madroños (arbutus unedo), recolectamos una buena porción para decorar los desayunos. A la salida de la arboleda avistamos una hermosa cala y nos aventuramos hasta el peculiar Cabo Psaromita, es un cabo de palos, un montón de maderos hacían malabares dentro de los agujeros de la erosión marina.
Allí estábamos de nuevo en frente de Saranda, fascinados con el panorama. La ventolera quería recordarme que las ondas marinas y electromagnéticas navegan sin controles fronterizos.

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